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“Bébete el zumo ahora, que está recién exprimido"




Estaréis de acuerdo conmigo si digo que esto lo hemos escuchado todos cuando éramos pequeños y luego hemos repetido a alguna persona pensando en lo valiosa que es esta información.  Pero hay que completarlo con la frase siguiente "Si tardas mucho en tomarlo, se quedará sin vitamina C". Exprimiendo este tema encontré que aunque existe la bienintencionada creencia de que la vitamina C se pierde a gran velocidad una vez que se exprimen las naranjas, esto no es así. En realidad tarda mucho más de lo que se cree en desaparecer del zumo. En concreto, la vitamina C se mantiene perfectamente hasta 12 horas después de estrujar las naranjas y no se “evapora” al instante como creen muchas personas.
He aquí los argumentos: según justificó en septiembre de 2002 la doctora Patricia Murphy en una revista de fuerte impacto en el mundo científico (Journal of The American Dietetic Association), aunque la vitamina C (ácido ascórbico) se oxida con rapidez si se deja el zumo de naranja a temperatura ambiente, la sustancia que se genera como producto de la oxidación, denominada ácido dehidroascórbico, sigue teniendo las mismas propiedades que la vitamina C. 
En otra revisión de primer nivel científico se afirma que existe la falsa creencia de que la vitamina C del zumo de naranja casero es poco estable y se indica, además, que para que se produzca una disminución considerable de esta vitamina hay que calentar el zumo a 120 ºC. Por tanto, la vitamina C se conserva perfectamente en el zumo hasta 12 horas, aunque el sabor puede volverse más amargo. 
Parece que la cultura popular relacionó en su momento el cambio de sabor del zumo con la disminución de la vitamina C para llegar a esta falsa conclusión.

Espero que ahora se tomen el zumo con más tranquilidad, y si sobra, ya saben, en la nevera aguanta bien las siguientes 12 h.



Información obtenida de: 
http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/curiosidades/2014/10/15/220777.php

¿SE PUEDE ALIMENTAR EL BUEN HUMOR?

Marie Curie, premio Nobel de física y química, decía «En la vida nada debe ser temido, sólo debe ser comprendido».

Esa misma es la convicción de Valentina Sabino y Pietro Cottone, dos investigadores italianos que han llevado a cabo un estudio  en la universidad de Boston  para averiguar el origen de los Trastornos Alimentarios Compulsivos (TACs) y los posibles tratamientos para su curación.

El resultado ha desvelado que este tipo de trastornos están causados por una hormona responsable de la ansiedad: la CRF. Además han identificado una molécula que podría «detener» esta hormona, evitando los atracones. Se entiende, así, que la ansiedad tiene una causa fisiológica.

Y aunque es formidable que investiguen una molécula inyectable para mejorar el estado de ánimo falta averiguar si este hallazgo es la clave para erradicar la ansiedad y si podrá estar a disposición de todos. Antes se tendrán que realizar innumerables estudios. De momento, sintiéndolo mucho, no nos sirve. Los casos de TACs se continuarán abordando con un equipo de profesionales sanitarios entres los que figura el dietista-nutricionista.

Un atracón de falsa información

Las personas que comen para calmar su ansia han de ser conscientes de la diferencia entre alimentos malsanos y sanos. Algo que todo el mundo cree tener claro, pero desgraciadamente, y como dijo el Dr. Carlos Sánchez Juan (especializado en endocrinología y nutrición y profesor del departamento de Medicina de la Universidad de Valencia) durante su intervención en el VI Congreso de la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas del 2014: “ni tan siquiera muchos médicos tienen el criterio suficiente para discernirlo”.

Y ¿qué hay de los alimentos promocionados con promesas para nuestras salud? ¿Nos podemos fiar de ellos?

Aquí nos topamos con la industria alimentaria, a mi modo de ver, la madre del cordero. Hace lo posible para confundirnos, bien con engañoso anuncios, bien creando productos con sustancias añadidas a las que se les atribuye funciones, la gran mayoría de ellas no aprobadas por el cuerpo científico, cerveza baja en grasa, agua light o pizzas sin cafeína. Sí, has leído bien. Ninguna de las cualidades que acompañan a esos alimentos tienen sentido, y aunque te parezcan chistosos los ejemplos anteriormente nombrados, te aseguro que no son muy distintos a la realidad.

Esta es una estrategia que la industria alimentaria ha inventado para hacernos creer que si consumimos sus “superalimentos” estamos cuidando nuestra salud. Pero lo cierto es que la alimentación saludable es mucho menos sofisticada, y sinó pregúntate cómo es posible que una anciana de 87 años que ha vivido toda su vida en un pueblo de montaña tenga un rendimiento cardiorespiratorio mejor que tu vecino informático de 38 años. ¿Será que la anciana toma más “actinel” o “danapen”? La respuesta es impepinable: No, de hecho, nunca en la vida los ha tomado.

Alimentación y emociones

Las frutas y verduras contienen antioxidantes en gran cantidad, nutrientes que presumen de protegernos contra ciertas enfermedades como los eventos cardiovasculares1 o el cáncer.

Y ¡eso no es todo! Gracias a una investigación de la Escuela de Salud Púbica de Harvard y un estudio de la Universidad de Warwick2, se sabe que el consumo de alimentos ricos en antioxidantes (no medicamentos ni suplementos) podrían afectar en nuestras emociones.

En el 2013 el equipo de Harvard se puso manos a la obra y evaluó los niveles de nueve antioxidantes en la sangre de 982 estadounidenses (hombres y mujeres) de 25 a 74 años. A los participantes se les extrajo sangre y respondieron un cuestionario sobre sus comportamientos en la vida cotidiana con el fin de mesurar el nivel de optimismo de cada sujeto.

Los resultados del estudio mostraron que las personas que comen menos de siete piezas de frutas y verduras al día son menos optimistas que los que comen más de siete.

Entre los antioxidantes evaluados incluyeron los carotenoides. El más conocido de ellos es el beta-caroteno, pigmento que encontramos en las frutas de color amarillento, anaranjado o rojizo, y en los vegetales, como la zanahoria, pimiento rojo, el moniato, el nabo, el perejil, las algas, los berros o el melón francés.

Así que no temas a enfermar, no temas suspender los exámenes, no temas a tu jefe, come más fruta y verdura, lleva un estilo de vida saludable y afrontarás con mejor humor las adversidades de tu día a día.

Así que adaptaremos la frase da Marie Curie para decir «EN LA VIDA NADA DEBE SER TEMIDO, SÓLO DEBES ESCOGER BIEN EL ALIMENTO INGERIDO».

 

Aviso: las recomendaciones de este artículo se dirigen a la población general y no están adaptadas a situaciones especiales. En caso de que se encuentre en una situación especial ha de seguir las recomendaciones específicas indicadas por un dietista-nutricionista especialista en su patología.

 

 Bibliografía

Howard BV et al. Low-Fat Dietary Pattern and Risk of Cardiovascular Disease: The Women’s Health Initiative Randomized Controlled Dietary Modification Trial. JAMA. 2006; 295: 655-666.

National Bureau of Economic Research [base de datos]. Cambridge: Bulletin on Aging and Health; 2012 [fecha de acceso: 12 diciembre 2014]. Disponible en http://www.nber.org/papers/w18469

La veritat dels aliments, la mentida del anuncis

Hui un pacient em preguntava si era millor la tonyina de llauna amb oli d'oliva o amb oli de girasol. Pel que pareix, algu li havia dit que, en el cas de les conserves, són millors les d'oli de girasol perquè l'oli d'oliva que utilitzen és de molt baixa qualitat, tot i que siguen més cares les conserves d'oli d'oliva.
Bé, doncs no es pot fer una recomanació ferma al respecte perquè no hi ha documentació que corrobore que totes les empreses alimentàries que comercialitzen tonyina en conserva utilitzen oli d'oliva de baixa qualitat. 
Aquest pacient deia que quan ha de triar una conserva sempre agarra la que duu oli d'oliva, sense qüestionar-se res més. Òbviament! Si haguèssim d'indagar la qualitat de tot el que mengem no fariem res més en tot el dia. D'això ja se n'han d'ocupar Conselleria de Sanitat i Saout Pública. Mentrestant la indústria alimentària coneix perfectament el consumidor i sap quin ham ha d'emprar per a que comprem el producte més car.
No està bé que ens facen creure que el seu iogurt és el millor del món perquè duu oli d'oliva perquè per una banda no és cert i a més a més es lucren de la mentida (el preu sempre puja degut a la suposada exclussivitat d'un producte miraculós). No, no  està bé senyors lectors, ja n'hi ha prou que se n'aprofiten del nostre interés per l'autocura.
Les persones alienes al món professional de l'alimentació continuen sent víctima de les publicitats enganyoses de "superaliments"; fa falta que hi hagen campanyes i polítiques que ho denuncien.

CAMPANYA CONTRA L'ESTAFA ALIMENTÀRIA
Vaig tractar esta temàtica en una xarrada, en l'associació cultural La Tertúlia del Portal (Almassora), on vaig proposar la lectura d'uns productes alimentaris per ensenyar els assistents a identificar un possible aliment fraudulent. Modestament vaig fer difussió d'esta realitat que ens bombardeja cada dia desde la televisió i als envasos dels aliments, però em vaig sentir aliviada quan un matí de desembre del passat 2014 vaig vaig vore mentre viatjava en el metro de Barcelona el vídeo que us adjunte, obra de l'entitat Justícia Alimentària. Com veureu, en ell es denuncia públicament l'engany de les declaracions de salut o malaltia que fa la indústria alimentària per pujar les vendes dels miraculosos productes, majoritàriament més cars que els seus homòlegs.

El vídeo és boníssim i el que diu és ben cert.

I em despedeixo compartint una reflexió: si vols cuidar la teua salut per mig de l'alimentació deixa't estar de productes sofisticats, cars i absurdes. Deixa que un Diplomat/ graduat en Nutrició Humana i Dietètica revise la teua alimentació, així com quan tens febra vas al teu metge i no al curandero.